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Crónicas Urbanas

No. 10

Santa Rosalía: Un testimonio acerca de una

fundición en un entorno urbano (*)

Gilberto Piñeda Bañuelos

Desde su origen la Fundición de la Compagnie du Boleo estuvo en un entorno urbano que fue el poblado originario de Santa Rosalía que se ubicó en la parte más baja de una gran cañada entre dos cerros donde se trazaron las calles que ahora forma parte de la poligonal de una Zona de Monumentos Históricos decretada por Miguel de la Madrid el 5 de diciembre de 1986; una traza urbana reticular rectangular donde se construyeron  las casas de madera de dos aguas con techos de lámina para empleados, técnicos de la compañía y obreros calificados de la fundición; ahí estaba la iglesia, la escuela de primeras letras, la panadería y  la tienda, pues los administradores de la compañía vivían en la parte alta conocida como Mesa Francia con una traza un poco más irregular siguiendo la topografía del cerro, y otra traza regular en Mesa México, mientras que los mineros vivían cerca de las minas localizadas a unos cuantos kilómetros de Santa Rosalía.

    Como suele suceder históricamente con las grandes compañías capitalistas mineras, la corrupción, la depredación y  la contaminación del ambiente urbano, terrestre y marino es recurrente por el uso de productos  contaminantes y gases que libera, eso sucedió con la Compagnie du Boleo (francesa), con la Minera Santa Rosalía (mexicana) que lo sustituyó y ahora sucede con la Compañía Minera y Metalúrgica El Boleo (coreana-canadiense) recién clausurada por el Ayuntamiento, Profepa y Semarnat, después de varios años de operación.

    La Compagnie Du Boleo se constituyó en 1885, sin que se sepa con certeza si antes había algún asentamiento regular en el lugar; sin embargo seis años después de la fundación de la compañía todo cambió: un lugar desolado se convirtió en un entorno urbano distribuido en cuatro espacios, en uno de ellos donde construyó el puerto y la fundición llamado Santa Rosalía, y los otros tres  era donde se encontraban las principales minas que eran Providencia, Purgatorio y Soledad.

    El historiador Alejandro Telechea  obtuvo de los archivos históricos datos demográficos que dan cuenta de esta transformación, pues en 1891 ya había un total 3 mil 577 personas viviendo en el lugar distribuidas de la siguiente manera: 1 mil 85 en Providencia, 381 en Purgatorio, 1 mil 541 en Santa Rosalía y 570 en Soledad, mientras que para 1901 ya había 8 mil 47 personas viviendo en ese enclave minero, de las cuales 1 mil 167 vivían en Providencia, 1 mil 593 en Purgatorio, 3 mil 879 en Santa Rosalía y 1 mil 480 en Soledad; por otra parte, el Censo de Población en 1910 registra un total de 9 mil 68 habitantes, de los cuales 1 mil 653 estaban en Providencia, 2 mil 57 en Purgatorio, 3 mil 807 en Santa Rosalía y 1 mil 551 en Soledad.

    El periodo de 1885 a 1910 la Compagnie du Boleo tuvo un auge sin precedentes pues se convirtió en el principal productor de cobre  del país que salía de la fundición, sin embargo en la década siguiente del estallido de la revolución mexicana hubo un descenso drástico de la población, y una inestabilidad demográfica con alzas y bajas en las siguientes décadas, producto también de la inestabilidad en la fundición de cobre: el censo de 1921 registra solamente 5 mil 740 habitantes de los cuales 1 mil 179 estaban en Providencia, 2 mil 57 en Purgatorio, 3 mil 263 en Santa Rosalía y no registra ya población en  Soledad; el censo de 1930 registra de nuevo 9 mil 51 habitantes, de los cuales 1 mil 312 corresponden a Providencia, 1 mil 543 a Purgatorio, 6 mil 175 a Santa Rosalía  y aparecen 21 habitantes en San Luciano que sería un nuevo asentamiento minero de Santa Rosalía. Para el censo de 1940 hay una población total de 6 mil 470 habitantes, de los cuales 5 mil 451 son de Santa Rosalía, ya no aparecen Providencia, Purgatorio y Soledad, pero San Luciano ya cuenta con 1 mil 19 habitantes (en 1950 ya solo hay 358 habitantes en San Luciano y en 1960 solo quedan 4).

    Con el cierre de la actividad minero-siderúrgica, en 1985 el cobre dejó de extraerse y fundirse en Santa Rosalía, en el lugar donde estaba la fundición, ahora queda solamente un extraordinaria edificación de estructura de fierro en franco deterioro, con serios riesgos de desaparecer. La fundición fue el símbolo del poder económico del capital francés, es ahora un patrimonio cultural edificado, que si hablara, nos contaría lo que pasó dentro  de él durante su construcción y en el proceso de trabajo y de producción de cobre durante 100 años que tuvo de vida, como “Compagnie du Boleo” y como Compañía nacional hasta que se apagaron los hornos y la chimenea en 1985.

    Como lo prometí en una crónica anterior, para saber lo que pasó, le doy la palabra a  Don José Rubén Corona Robles, un chofer de taxi, ex obrero de la compañía, tornero de la fundición y ahora cuidador y facilitador del museo industrial que se encuentra en la llamada Casa de Fuerza de la antigua Fundición de la Compagnie du Boleo que abastecía de electricidad a las minas y al puerto. Nos contó Don Ruben que cuando lo visitó personal del INAH, él les hizo un croquis con la ubicación de cada máquina, cada nombre de cada cosa y les sugerí –dice-  hacer un diagrama de operación … con el fin de explicarle a la gente como era el proceso que es el que actualmente se encuentra en el Museo que él mismo atiende.

    Don Rubén nos dio un interesante testimonio en una amena plática en  el interior de la antigua Casa de Fuerza acerca de su vida pero aquí transcribo únicamente la parte que se refiere a la Fundición:

 

    Trabajé aquí durante treinta años, desde 1955  hasta que nos liquidaron en el 85; trabajé en los talleres de torno y  electricidad, aquí el horno genera calor a través de los quemadores de combustóleo, ese calor es para fundir, el calor que sobra después de fundir se aprovecha para hacer vapor en unas calderas y ese vapor se utiliza para hacer la energía eléctrica, entonces aquí es Casa de Fuerza donde venía el vapor entubado para mover los generadores que son dos equipos de 2000 kilovatios que son los que llevaban luz a la misma fundición, a las minas y al  pueblo. Este pueblo fue uno de los primeros pueblos iluminados de toda la península de Baja California, porque aquí ya teníamos luz en 1900 en las casas, cosa que ni en La Paz, ni en ninguna parte había, y aquí en Santa Rosalía sí, por los generadores que  tenían aquí los franceses, todas estas máquinas son las que daban vida a la fundición, aquí están básicamente compresores, bombas, equipos de generadores.

    Yo nací en Purgatorio en 1937 estaba por el lado de Santa Marta, después en San Luciano, éste era un pueblito donde hay una estructura de fierro, el Tiro William, ahí trabajó mi papá, yo viví toda mi primaria en San Luciano, era un pueblo donde había dos escuelas y ese tiro tiene 185m de profundidad, pero en el nivel 135 era donde estaban los niveles por donde se desplazaban los carritos tirados por las mulas, porque ahí las mulas eran como las locomotoras, a una mula le pegaban 8 o 10 carritos y había un mulero que se encargaba de arrearla, y ese eran los trenes que había en ese tiempo.

    Aquí a la fundición, llegaban las locomotoras jalando a los carritos a depositarlos en una serie de tolvas que vienen estando donde ahora está el DIF, en esa parte plana, entonces ahí se depositaban los minerales, los fundentes en este caso el yeso y el carbón, eran los fundentes y esto representa un cargador, un molino ahí se trituraban los terrones grandes había que adecuados para la fundición que en este caso eran de 2 pulgadas para abajo, entonces ya una vez triturado el mineral se depositaba en esta tolva, que era un mineral ya húmedo, molido, entonces ese mineral se pasaba por un secador,  unos hornos rotatorios que había, para sacar la humedad que traía la mina , es decir dejarlo seco,  entonces ya todo se hacía por medio de bandas transportadoras, al pasar por este punto el mineral seco, triturado se combinaban los fundentes, en este caso carbón y yeso, entonces aquí caían ya a la tolva del horno, todavía está aquí el horno.  Al horno lo alimentaban tres quemadores de combustóleo, dentro del horno había una temperatura de 1100 a 1500 grados centígrados que era para fundir, entonces una vez que ya haya empezado la fundición y a derretirse todo el mineral, se recogían unos [recipientes] y se jalaban con un malacate,  lo recogían las grúas y después la otra a los convertidores que son esos cilindros grandes que se ven ahí –señalando los que existen-  a los que se les aplicaba el aire que producían estas compresores, que  van a dar a los convertidores y ahí se daba el ultimo toque al mineral, cuando salía del horno estaba prácticamente crudo, entonces en el convertidor se le sacaban todos los elementos, sustancias extrañas como escorias, gases y de todo lo que no fuera cobre se eliminaba ahí por medio del aire y además le agregaban un material que sirve para depurar, para que toda la escoria flote y vaya quedando el mineral ya rendido. Entonces cuando estaba esa operación lista se vaciaba en los moldes, en esos moldes después se enfriaban con agua y esta grúa se encargaba de almacenar, aquí estaba una báscula donde se muestreaba, se pesaban y ya se almacenaban los lingotes.

    El nivel de la escoria como es más alto continuamente está saliendo por la boca del horno y caían en unos canales con agua, que era agua de mar que las bombas, esas máquinas bombeaban a la pila que está arriba y de allá venia por la gravedad del agua, entonces aquí continuamente estaba cayendo ese chorro de escoria caliente al agua y había una reacción térmica y se granulaba, y daba origen precisamente a la escoria esa negra, que es la que conocemos, entonces esa escoria se depositaba en la tolva o el chute que le decimos, esa de madera, feo, que está ahí –señalando el que todavía existe a un costado de la carretera-  bueno ese es la tolva de la escoria, se recogía en unos lanchones de probablemente unas 200 toneladas o 300, no sé,  pero eran grandecitos y de ahí continuamente estaban tirando la escoria al mar,  y el mar, como lo que no es de él lo hecha para afuera formo las playas negras de Santa Rosalía, entonces eso viene siendo el final del proceso… Hasta aquí el testimonio de Don Rubén. Interesante.

    Con la ayuda de Don Rubén y muchos otros técnicos y obreros de la fundición que todavía viven o familiares de técnicos, obreros mineros y metalúrgicos que ya fallecieron, pueden dar su testimonio y auxiliándose con documentos que existen en el archivo histórico de Santa Rosalía bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia sería extraordinario que se realizara una investigación del proceso técnico y social de producción de cobre en el pasado al interior de las instalaciones de la Fundición de la compañía en la cual participen profesores y estudiantes de los últimos semestres de la carrera de Ingeniería Industrial del Instituto Tecnológico Superior de Mulegé, incluyendo el levantamiento físico del edificio de la Fundición y la elaboración de un proyecto de reconstrucción y rehabilitación, donde se pudiera conservar en la memoria de Cahanía lo que pasó en la fundición a finales del siglo XIX y siglo XX, es decir organizar un trabajo de servicio social o residencia profesional en el Centro de Documentación de Historia Urbana (CEDOHU UABCS) para el diseño de un Museo de Historia del Cobre en Santa Rosalía donde se pueda contar sobre la exploración, extracción y fundición de cobre, el papel del trabajo minero y metalúrgico, pero también las condiciones de explotación los obreros mineros y metalúrgicos que entregaron su vida laboral para el enriquecimiento de otros.

(*) Publicado en la página de Opinión de El Sudcaliforniano el jueves 17 de septiembre de 2015.

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Título: Antigua Fundición de la Compagnie du Boleo en el puerto de Santa Rosalía. Fecha: viernes 19 de junio de 2015. Autor: Gilberto Piñeda Bañuelos. Fuente: Fototeca del Centro de Documentación de Historia Urbana.

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Título: Panorámica de la traza urbana de Santa Rosalía desde Mesa México. Fecha: ca.fines siglo XIX. Autor: no identificado. Fuente: Archivo Particular del Rincón Boleriano (APRB) resguardado en la Fototeca digital del Centro de Documentación de Historia Urbana.

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