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Crónicas de Economía Política

No.2

FORMACIÓN DEL MERCADO Y NACIMIENTO

DEL CAPITALISMO SUDCALIFORNIANO

Gilberto Piñeda Bañuelos

Los indios californios no conocen las mercancías y, por lo tanto, tampoco el mercado, ni la agricultura, ni la ganadería, ni la minería, ni la metalurgia, pero a partir de la segunda mitad del siglo XVII y durante prácticamente todo el siglo XVIII, todo cambió para ellos, hasta el límite de su extinción. Aunque la economía misional era también una economía de subsistencia productora de valores de uso agrícolas y ganaderos, los Jesuitas obtenían las mercancías del exterior vía donaciones directas o a través de los recursos monetarios que proporcionaba el Fondo Piadoso de las Californias por parte de acaudalados mineros y comerciantes peninsulares y novohispanos con lo que adquirían la mercancías necesarias para sostener la Misión en los puertos de la costa del Pacífico que procedían de las ciudades de Guadalajara y México o de las costas del Golfo de California que procedían de las Misiones de Sonora y Sinaloa, que para el siglo XVII y XVIII ya había un mercado desarrollado en prácticamente todas las provincias Novohispanas, a excepción de la Provincia de la California.

 

     LA FORMACIÓN DEL MERCADO EN EL SUR PENINSULAR

    Comerciantes de México y Guadalajara compraban  mercancías  a su valor o por debajo de su valor en el mercado novohispano y con ellas abastecía de provisiones de todo tipo para sostener a las Misiones de la California a cambio de un equivalente monetario donado por personas acaudaladas directamente o a través del Fondo Piadoso de las Californias y entonces  aparece un circuito de mercado D-M-D´, donde Dplata la poseen los comerciantes,  M=Mprovisiones las compran  en el mercado novohispano D´=D´plata la poseen los jesuitas producto de una donación, es así que en este circuito del Mercado se forma una plusvalía nacida de la circulación de mercancías que se la apropian los comerciantes de México y Guadalajara, donde D´=D+d y d=dplusvalía. Cuenta el padre Miguel Venegas que gran parte de la provisión, incluidos los sueldos de los soldados y marinos al servicio de las Misiones procedía de la ciudad de México y se embarcaba en el puerto de Matanchel en las costas nayaritas siguiendo la ruta de navegación hacia el puerto de Loreto donde se desembarcaban las mercancías y se distribuían en mulas al resto de las Misiones.

 

     Por otra parte, el sobreproducto social de bienes agrícolas y agroindustriales que se producían en las huertas y establos misionales tenían dos destinos: uno que se donaban a las Misiones menos favorecidas por la naturaleza, ya sea por la carencia de agua a falta de lluvia, por la aridez del suelo o por la poca fertilidad de la tierra,  por lo tanto, al interior de la California se trataba de una economía de valores de usootro que se enviaba a las Misiones de Sonora y Sinaloa que tenía acaparado el mercado del noroeste novohispano a cambio de algunas provisiones y aunque se trataba de una economía de valores de cambio, estas mercancías no alcanzaban la categoría de mercado desarrollado, sino de mercado simple, a veces utilizando un equivalente monetario, es decir,  M1-D –M2, y en ocasiones tomaba la forma de trueque (M1-M2), en donde M1=MCalifornia D=Dplata  y M2=MSonora/Sinaloa. Por otra parte, algunos soldados que acompañaron a los jesuitas a establecer las Misiones desde que llegaron se percataron de la abundancia de un molusco que en su interior contenía perlas y que los indígenas Californios las utilizaban como un valor de uso decorativo una vez que se alimentaban del molusco, sin embargo  hubo un soldado destacado por los historiadores llamado Manuel de Ocio que empezó a apropiarse de ellas y venderlas en el mercado novohispano aprovechando las embarcaciones que dejaban la provisión en la California, obviamente tolerado por los Jesuitas quienes tenían el mando en el territorio, no solo religioso-evangelizador, sino político-administrativo y económico; por lo tanto, en ese momento las perlas se convirtieron en un valor de cambio, es decir, una mercancía que se vendía en el exterior de la California, en este caso se trata de un despojo perlero pues no las compraba, sino que se apropiaba gratuitamente del producto del trabajo indígena generando un circuito de mercado monopolizado por Manuel de Ocio de la forma M-D, donde Mperlas eran expropiadas a los indígenas Californias y que las vendía en el mercado novohispano a Dplata, o sea, como la inversión era mínima, prácticamente todo el producto de la venta se obtenía como una plusvalía que se formaba en la esfera de la circulación de esta mercancía especial que eran las perlas, seguramente compradas y utilizadas por las familias acaudalas. Esta práctica de Manuel de Ocio y otros armadores se multiplicó a lo largo el siglo XVIII a tal grado que durante los tres meses  que duraba la temporada de la pesquería de concha-perla entre julio y septiembre llegaban los armadores a las acampadas en ensenadas y bahías cercanas a los aguajes y de los puertos de Loreto y La Paz que abastecían alimentos y herramientas a los buzos que por espacio de una parte de la jornada de cinco horas efectivas de trabajo capturando la concha-perla, las llevaban a la playa utilizando otra parte de la jornada  para abrir la concha, y separar el molusco de la perla; sin descartar el pago de impuestos a la hacienda colonial equivalente a la quinta parte de la producción de perlas (llamado quinto de perlas).

 

     Lo nuevo en la California jesuítica fue el descubrimiento de  una veta de plata al sureste del puerto y Misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz  en 1720 que se llamó el Real de Santa Ana (nombre dado posteriormente por el padre José María Napoli que fundaría la Misión de Santiago de los Coras) y que a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII Manuel de Ocio aprovecho con la experiencia que ya tenía con la acumulación de plusvalía producto de la circulación de las perlas que había transformado en mercancías durante la primera mitad del siglo XVIII y que ahora ese capital dinero inicial lo transforma en capital productivo en la minería a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII al invertirlo en la construcción de un poblado minero, en el suministro de equipo, herramienta, materia prima suficiente y necesaria para separar la plata del mineral (Sal y Azogue), fuerza de trabajo asalariado, alimentos y vestido. Al convertirse la plusvalía en capital productivo ahora la plusvalía incipiente surge de la esfera de la producción: D - M(mp + ft) – M´- D´, donde D´>D; M=Mequipo,herramienta,materia prima+Mfuerza de trabajo; M´=Mmp+Mft+Mp donde Mp es la plusvalía materializada en la mercancía; es decir, la plusvalía d nace de la producción de plata creada por los nuevos mineros, propietarios de la fuerza de trabajo que habían sido enganchados principalmente de la contracosta: la fuerza de trabajo se convierte en Mercancía que en principio se compra por un salario en el mercado laboral de la contracosta. Traduciendo el volumen de plata informado y manifestado por Manuel y Antonio de Ocio a la Real Hacienda de Guadalajara tenemos que la = 40,873 marcos de plata entre 1753 y 1883 que embarcaron en el puerto de La Paz (La Misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz se había trasladado a Todos Santos desde 1748); obviamente que la producción de plata en esta zona minera era mucho mayor ya que el boom minero atrajo a una clase propietaria en las minas como Gaspar Pisón, Eugenio Olachea, Joaquín de la Riva, Pantaleón Márquez, Gerardo de la Peña, José María Manríquez y José Mendoza.

 

     Con la actividad minera hubo una nueva oleada migratoria que empezó a repoblar la California con la consecuente privatización del agua y la tierra para el trabajo agrícola y ganadero que dio paso a nuevos pobladores originarios asentados en lo que conocimos después como los ranchos sudcalifornianos donde se producía alimentación para los centros mineros en el sur peninsular y en la tierras misionales se estableció un fundo legal colonial para sus pobladores, así aparece la propiedad privada de la tierra en las minas, en los ranchos, en los pueblos que habían sido Misión y los nuevos como el Real de Santa Ana, tan solo en los alrededores de este pueblo minero, los ranchos, en su mayoría ganaderos, nos encontramos al inicio de la década de 1780 a  uno de los propietarios de minas, Antonio de Ocio con dos ranchos y 280 cabezas de ganado, Juan Antonio Velasco con 74 cabezas, Juan María Miranda con 18 cabezas; Juan Crisóstomo de Castro con 250 cabezas, Andrés Cota con 35 cabezas, y Pedro Cayetano Cota con 30 cabezas de Ganado; y algo parecido sucedía en San José del Cabo, Todos Santos, Loreto y San Antonio.

 

     Al siglo siguiente, la clase propietaria ranchera se extendió y con ella el mercado desarrollado agropecuario,  por ejemplo los ranchos sudcalifornianos a mediados de la década de 1850 llegaron a producir más de 233 toneladas de maíz, más de 1 mil 600 kilogramos de trigo, más de 39 toneladas de frijol, más de 86 toneladas de higo, casi 39 toneladas de dátil y más de 226 toneladas de panocha, parte de estas mercancías era producto necesario para la subsistencia local en su mayoría distribuido a través de circuitos de mercado y una proporción menor en forma de autoconsumo;  y la otra parte era sobreproducto social para el mercado exterior nacional y extranjero; mientras que el ganado criollo se multiplicó en medio siglo, habiendo alrededor de 12 mil cabezas de ganado a principios de siglo XIX, a mediados de este siglo ya  había más de 99 mil cabezas de ganado, de los cuales el 89% era ganado vacuno equivalente a 88 mil cabezas distribuidos en su mayoría en las municipalidades de San José del Cabo, San Antonio y La Paz poco más de 61 mil cabezas  de ganado vacuno, y el resto distribuidas en los municipios Todos Santos, Comondú y Mulegé, del sur peninsular y en Santo Tomas en el norte peninsular. Recordar que durante todos el siglo XIX en toda la península había 7 municipios en el sur peninsular y 1 municipio en el norte peninsular; y una población total a mediados de ese siglo  entre 9 mil y 10 mil habitantes, es decir, una proporción excesiva de alrededor de 9 cabezas de ganado vacuno por habitante; aunque la población se triplicó en las cuatro décadas siguientes, ya que para 1887 había en toda la península más de 34 mil personas, 80 % de ellas en el sur peninsular (San José del Cabo, Santiago, Todos Santos, San Antonio, La Paz, Comondú y Mulegé).

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Rancho sudcaliforniano en Mulegé. Foto: Archivo Histórico Pablo L Martínez.

En el siglo XIX La Paz se convierte en la ciudad comercial que sería más adelante  alcanzando en importancia al puerto de San José del Cabo y sustituyendo al puerto de Loreto, de tal suerte que durante la primera mitad del siglo XIX La Paz siendo puerto de cabotaje  se convierte en puerto de altura recibiendo mercancías importadas y nacionales que abastecieron no solo a La Paz sino a todo el Territorio Sur de la Baja California y  a  formarse otra clase propietaria de familias acaudaladas: los comerciantes, aunque también había pequeños y medianos, no tan acaudalados.  Para mediados del siglo XIX se había extendido la producción de mercancías agroindustriales que se embarcaba por los puertos de La Paz y San José del Cabo principalmente(Mvaqueta, Mqueso, Mpanocha, Mjabónderes, Mcarneseca, Msebo, Mmantequilla, Mmanteca, Mcueros, Mperla, Mcarey, Mfrutas, Mvaquetas, Msal, Mvigasdepalma, Mdulcepithaya, Maceituna, Mvino, Mcaña, Mconchaperla, Mdatiles, Mpescadosalado, Mpalobrasil, Mplata, Mperlas, entre otras; sin embargo las mercancías manufacturadas que ingresaban a los puertos superaban en mucho a las que salían, por ejemplo la balanza comercial por los puertos de La Paz y San José del Cabo a mediados del siglo XIX era deficitaria, o sea, se introducían a La Paz  1.4 veces más mercancías que las que salían y a San José del cabo casi 3 veces más de las mercancías que salían, en promedio 2 veces más; se trata de una larga lista: Mharina, Mcinta, Mmedias, Mabanico, Mliston, Mtápalos, Mmanta, Mpercales, Mmaíz, Marroz, Mtabaco, Msombreros, Mforrosdehule, Mfrasadas, Mcerillo, Mbroches, Mahujas, Mcatecismos, Mflores, Mpurgante, Mlibros, Mvasos, Mrebosos, Mcencerros, Msombreros, Mzapatos, Msayales, Mcalsoneras, Mbotas, Mchapas, Mmolinoscafé, Mcobertores, Mmezcal, Mmadera, Mtintura, Mvestidos, Mtelas, entre otros, además de Mequipos y Mherramientas. Entre la clase propietaria vinculada al comercio marítimo tenemos a Manuel Galindo, Antonio Belloc, Antonio Ruffo y José Manuel Castellanos en La Paz, a Francisco Verdugo y Pedro Davis en Loreto.

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Veleros de armadas de concha perla en la ensenada de La Paz frete al muelle fiscal y embarcaciones de carga de mercancías y personas en la playa en el puerto de La Paz. Fotos: Archivo Histórico Pablo L. Martínez, cerca de 1890, 1910.

La clase propietaria acaudalada estuvo representada entre otros por Antonio Navarro , Manuel Hidalgo, Tirso Hidalgo, Manuel Amao, Antonio Belloc, Antonio Ruffo Manuel Galido, Francisco Sosa y Silva, Santiago Viosca del Solar, Manuel Castellanos  y Manuel Salorio, mientras que la expansión del comercio desarrollado en el último tercio del siglo XIX fue monopolizado por dos grandes casas comerciales en La Paz,  La Casa Ruffo y La Torre Eiffel propiedad de Don Antonio Ruffo y de Don Miguel González, basado en el mismo modelo de acumulación de capital que en el pasado cercano: D-M-D´ con la diferencia de que la circulación de mercancías se multiplicó por varias veces de las que circulaban en la primera mitad del siglo XIX; un comercio capitalista que se concentra en la ciudad-puerto de La Paz y en el puerto de San José del Cabo, y como lo destacamos anteriormente la producción de Mperlas y Mplata formo parte también del comercio y los comerciantes, y como las sal era una materia prima básica en la minería también se formó un red de comercio desde la Isla del Carmen en Loreto, aunque también de las islas de San José y de Espiritu Santo y Pichilingue; tenemos entonces  que a mediados de la década de 1850 se produjeron poco más de 255 toneladas de mineral de plata y poco más de 1.6 toneladas de plata pura, mercancías que formaron parte del comercio de exportación; recordar que en aquel entonces para separar la plata se necesitaban entre 25 y 35 kilogramos de sal por cada 340 kilogramos de mineral de plata triturado en unos molinos que se llamaba Tahomas o Arrastras; así que la actividad minera no metálica se expandió no solo para el circuito de mercado interno sino también para el mercado nacional convirtiendo a la sal natural procesada en mercancía. La mayor producción de la Msal se encontraba en la isla del Carmen, por ejemplo, en seis años de la década de 1950 se produjeron más de 4 mil 700 toneladas en el que participaron comerciantes de La Paz y Loreto principalmente: Muchos de los comerciantes acaudalados eran a la vez una clase propietaria dedicada a la minería, las salinas y la pesquería perlas.

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Trabajadores salineros en la Salina de la Isla del Carmen. Foto: J.R.Southhwort, 1899.

     ESTABLECIMIENTO DEL MERCADO CAPITALISTA Y CAPITALISMO EN EL SUR PENINSULAR

     Mientras que en resto del mundo en Europa y los Estados Unidos se había desarrollado la producción y distribución generalizada de mercancías, en el territorio sur de la Baja California hasta el segundo tercio del siglo XIX apenas si se había conformado una economía mercantil y comercial basada en los puertos marítimos como el puerto de La Paz, que se convirtió en el epicentro comercial que controló el comercio de cabotaje y de altura, y la inmensa mayoría del mercado interno. Por el puerto de La Paz y de San José del Cabo, principalmente, entraban y salían mercancías de todo tipo, incluidas las materias primas, equipo y herramientas que se utilizaban para la construcción de edificaciones, para las minas de plata, para la pesca de perlas y concha perla; para los pocos talleres manufactureros que existían. Mientras esto sucedía en el territorio sur de la Baja California, la economía-mundo capitalista, europea y estadounidense, se había transformado en un capitalismo de los monopolios que en sus países de origen contaban con un excedente muy importante de capitales que son destinadas a la exportación por todo el mundo. El Distrito Sur de la Baja California no es la excepción.

 

     El Capital Productivo extranjero invertido en las minas de plata y de cobre con una composición orgánica de capital muy destacada para la época, con una fuerza de trabajo calificada y una masa de trabajadores asalariados que repobló de la noche a la mañana los antiguos distritos mineros de El Triunfo y San Antonio, y construyó de la nada un nuevo puerto y pueblo minero en Santa Rosalía. Tenemos ahora Capital productivo extranjero, trabajo asalariado de obreros y técnicos calificados, nuevas rutas de navegación para la entrada y salida de mercancías y la expansión del comercio interior y exterior, y la puesta en función de una administración capitalista de las compañías al estilo europeo y estadounidense; podemos decir entonces que  a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX se había establecido en definitiva el modo de producción y distribución capitalista en la península de la Baja California. Reaparecen los grandes buques de vapor de carga y de pasajeros en los puertos de La Paz y San Rosalía, se instalan los ferrocarriles de carga al interior de los distritos mineros y se instala por primera vez el teléfono y la electricidad; mientras que, en La Paz, San José del Cabo y el resto de las poblaciones el alumbrado seguía utilizando velas y faroles de combustóleo, en los pueblos mineros de El Triunfo y Santa Rosalía, ya se alumbraban con energía eléctrica.

 

     Antes de que se estableciera la compañía capitalista The Progreso Minining Company, había en el distrito minero de El Triunfo otras compañías capitalistas que exploraban o producían en la plata, como la Compañías Franco-Alemana, Dannes, Kholer Brother, Peninsular y El Triunfo; que tenían registradas las minas La Salagüeña y La Codicia; La Mexicana; La Espinoseña; San José; La Soledad, Valenciana y El Carmen, respectivamente. Fue en 1878 cuando se estableció la compañía minera The Progreso Minining Company de origen estadounidense que tenía sus centro de operaciones en San Francisco, California, administrada por J.W.C Maxwell, H.M.A. Miller y Geo Stacke, teniendo sus representantes en El Triunfo a Francisco Hosking, R.F. Grigsby, Arturo C. Nahl y William C. Rocholl, se trata de una nueva clase propietaria capitalista y asociada; en una década, la clase de trabajadores asalariados creció 1.2 veces, pasó de más de 840 en 1879 a más de 1 mil trabajadores asalariados en las minas y en las plantas de beneficio. Invariablemente la Mplata se exportaba a través de barcos de vapor que llegaban a la ciudad-puerto de La Paz, la producción de plata beneficiada por la compáñía The Progreso Mininig Company en un lapso de 32 años fue de poco más de 8 toneladas anuales, aunque hay que destacar que el promedio anual entre 1889 y1899 fue de casi 18 toneladas anuales. La consecuencia fue el crecimiento demográfico en estos pequeños pueblos que casi alcanzaron a la ciudad-puerto de La Paz y la formación de nuevas familias: mientras que, en La Paz, la Población en 1900 era de poco más de 5 mil personas, en El Triunfo y San Antonio eran poco más de 4 mil 350 personas, que sumados representaban el 23% de la población de todo el Distrito Sur de la Baja California.

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La hacienda de beneficio de plata propiedad de la compañía capitalista estadounidense The Progreso Mininin Company a finales del siglo. Foto: Archivo de la antigua Fototeca Estatal Profesor Nestor Agundez Martínez.

Antes de que se estableciera la Compagnie du Boleo un ranchero de Santa Águeda llamado José Rosas Villavicencio descubrió accidentalmente un yacimiento de cobre, la noticia de expandió por toda la región en 1871; no tardó mucho tiempo que comerciantes de sonora, algunos locales y extranjeros intentaron incursionar en la minería en los que sería unos años después el Distrito Minero de Santa Agueda y para 1873 se habían denunciado 33 minas de cobre, una de ellas, La Prosperidad,  fue explotada por Vicente Mejía que era un comerciante local asociado con un extranjero de origen inglés Juan E. Higgins; sin embargo la tecnología utilizada y la falta de fuerza de trabajo, la explotación de cobre en las minas Ley, San Luis, Escondida, Limbo, Bompland, Cinco de Mayo, Providencia, Huyai, Santa Rosalía y Esperanza, al terminar la década de 1870 entraron en crisis sin posibilidades de continuar, de no hacer inversiones en capital productivo en nueva tecnología. No fue sino hasta 1885 que el gobierno central otorgó a la Compagnie du Boleo la concesión por espacio de 50 años de 11 fundos mineros que se ubicaban en una superficie de 20 mil hectáreas a condición de invertir de inicio 12 millones de francos de capital productivo, poblar el distrito minero con al menos 16 familias extranjeras y 50 familias de mexicanos, contar con un barco de vapor Santa Rosalía-Guaymas, construcción de oficinas y almacenes y edificar una fundición de cobre. Se empezó a formar así una nueva clase propietaria de capitalistas en la minería y el comercio, rápidamente se contó con máquinas de vapor en las minas, se construye la fundición en 1877 y en 1894 se instala la casa de fuerza para producir electricidad.

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Fundición de Cobre en Santa Rosalía de la compañía capitalista francesa Compagnie Du Boleo Dibujo: Manuel Eduardo Gaxiola Fausto, Cedohu, octubre 2020.

En poco más de tres décadas el trabajo asalariado de la Compagnie du Boleo creció casi tres veces, pasó de poco más de 800 en 1889 a más de 2 mil 400 en 1910, de los cuales casi el 86% formaban parte del trabajo asalariado en las minas y en las plantas de beneficio, el resto se dedicaba a otros servicios. El proceso de trabajo asalariado de la Mcobre inicia en las minas de Soledad, Providencia y Purgatorio; el mineral se transportaba a través de rieles en vagones unidos a una máquina de vapor hasta el poblado de Santa Rosalía donde se encontraba la fundición, se depositaba en los trituradores y de ahí pasaba directamente a los hornos de fundición. Separado el cobre del mineral, el deshecho de escoria se pasaba en bandas elevadas a un depósito que estaba en la playa conocido como El Chute que se depositaba en barcazas para tirarla en el mar a varios kilómetros de la costa; mientras que los lingotes de cobre se transportaban en vagones a los barcos de vapor atracados en el muelle. La Compagnie du Boleo se convirtió en la compañía capitalista del porfiriato de origen francés, principal productora de cobre, alcanzando a producir más de 192 mil toneladas de cobre fundido en casi dos décadas, en promedio casi 10 mil 700 toneladas de cobre fundido anualmente. Lo mismo que pasó en El Triunfo y San Antonio, la consecuencia fue el crecimiento demográfico en un lugar que no estaba poblado, alcanzando en 1910   una población de más de 3 mil 800 personas en Santa Rosalía, más de 1 mil 500 personas en Soledad, más de 1 mil 600 personas en Providencia y más de 2 mil personas en Purgatorio.

     En la industria manufactura, probablemente la única compañía capitalista relevante en la economía sur peninsular que formó una clase propietaria acaudalada y un considerable número de trabajadores asalariados, fue la conocida Tenería Suela Viosca, una   fábrica de curtido de pieles en la periferia de La Paz  que empezó con algunas decenas de trabajadores, llegaron a laborar  más de 150 trabajadores pero  había muchos más que cortaban y transportaban cascalote del monte para tintura del cuero, y otros más que cargaban la sal en el muelle de La Paz y se transportaba en carretas de tracción animal hasta la tenería, donde se producía la Mpieles. Esta compañía fue establecida a finales del siglo XIX por el fundador de la Logia Masónica, Santiago Viosca del Solar, a su muerte, su hijo Santiago Viosca Navarro se asoció con un acaudalado comerciante local, Antonio Ruffo Polastri y otro comerciante que antes había sido parte del cuerpo administrativo de The Progerso Mining Company, Wiliam C. Rocholl, que a la muerte del señor Viosca formaron la nueva empresa capitalista Ruffo, Rocholl y Compañía, del que fue gerente Arturo C. Nahl.

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Fábrica de curtido de pieles Tenería Suela Viosca en la periferia de la ciudad de La Paz propiedad de la compañía capitalista Viosca, Ruffo, Rocholl y Compañía. Foto: Archivo Histórico Pablo L. Martínez, cerca década de 1910.

En suma, aplica la formula general del capital industrial: D – M(mp+ft) – M´ - D´, donde M’ corresponde en cada caso a plata, cobre y cuero mientras que en el comercio capitalista local la formulación sigue siendo D – M - D´ que se ha extendido a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.  Frente a estas nuevas condiciones el mercado interno y externo, el comercio capitalista y con ellos una clase propietaria y asociada se fortalece, mientras que la sobreexplotación del trabajo con bajos salarios y largas jornadas de trabajo se multiplica en las minas, en las fundiciones, en las armadas de perlas, en las salinas, en los muelles, en las embarcaciones y en las grandes casas comerciales (La Casa Ruffo/La Perla de La Paz y La Torre Eiffel) que controlan las rutas de navegación y monopolizan el mercado local: Malimentación, Mvestido, Mherramienta, Mequipo, Mmateriaprima, Mmaterialesconstrucción. Con todo lo dicho hasta aquí, se puede constatar que el capitalismo y su economía de mercado queda establecido en la economía sur peninsular a lo largo de medio siglo, partir del último tercio del siglo XIX.

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La Casa Ruffo/La Perla de La Paz y La Torre Eiffel, casas comerciales que controlaron las rutas de navegación y monopolizaron el mercado local durante medio siglo a partir del último tercio del siglo XIX. Fotos: Archivo Histórico Pablo L. Martínez, cerca década 1930.

La Paz, Baja California Sur, 14 de marzo de 2021.

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